Escuchaba a sus amigos decirle " tú ? Tú queriendo eso?" No soy una dama, pensaba ella, soy una mujer que tiene deseos y fantasías creo que como cualquier otra.
Le gustaba hablar con las prostitutas que iban a visitar a los huéspedes del hotel donde trabajaba, porque quería aprender de sexo aunque sea a través de ellas.
Era la primera vez en todos sus años que le decía eso a alguien y era porque él había despertado una sexualidad que tuvo reprimida por mucho tiempo y ahora , sólo con su abandono, debía de volverla a ocultar.
Le gustaban los malditos libros eróticos porque en ellos ardía hasta más no poder. Cuando lo conoció a él, se imaginaba siendo la protagonista de ese libro y era él, el encargado de apagar esos deseos que con los años habían crecido tanto como su silencio.
Por esos meses, ella era un sólo de sexo, solo pensaba en eso y tenía vergüenza confesar que el sexo mueve su mundo.
Era terrible regresar a su vida aburrida y normal después de que él despertó en ella a esa diosa que, por vergüenza tendría que reprimir. Ella sólo quería que él se arrodillase ante su altar y que la adorara hasta quedar rendida,porque sus ganas llevaban su nombre, porque ella quería que el diablo que él tenía entre sus piernas ardiera en el fuego de las suyas.
Ella quería hacer el amor entre sus brazos mientras él hacía la guerra entre sus piernas. Ella amaba ser su mujer. Le encantan el sexo con él, incluso esos deseos despiertos hicieron que ella vuelva a escribir.
Nunca necesitó ponerle un dedo encima , bastaba con verla y ya estaba deseosa de él. Siempre tuvo que disimular por vergüenza. Cuando lo esperaba en la habitación estaba tan ansiosa de tenerle dentro que ella misma se decía " tranquila que no se de cuenta" y actuaba con frialdad; y , como una vez él mismo le dijo a ella, " te haces la difícil", sí; se hacía la difícil para que él no supiese que hace tiempo se había enamorado y sólo quería tenerlo dentro tantas veces como el mismo tiempo le diera tiempo, estaba tan deseosa de él que a veces le gritaba en su mente que, aquel diablo que él tenía ya entrara en su infierno.
Ella pensaba " mis orgasmos son tuyos, mis deseos llevan tu nombre y mi sexo tu apellido"
Gracias por escuchar mis confesiones sexuales, le escribió ella a él . Me gusta hablar de sexo, prosiguió.
"Me encantaba hablar de sexo contigo porque no me daba vergüenza que sepas cómo soy "
Gracias mi Noviembre con 50 sombras.
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